El fin de la habitación alquilada se acerca, un tsunami inmobiliario que amenaza con vaciar miles de

13 de febrero de 2026
Be Real

El fin de la habitación alquilada se acerca, un tsunami inmobiliario que amenaza con vaciar miles de hogares.




La noticia ha caído como un jarro de agua fría en los grupos de WhatsApp de estudiantes, trabajadores precarios y familias que, hasta ahora, conseguían estirar el sueldo compartiendo piso. El Gobierno se ha propuesto meter mano a una de las últimas válvulas de escape del mercado inmobiliario: el alquiler por habitaciones y el alquiler de temporada.


La intención, sobre el papel, suena a música celestial: evitar el fraude y que los propietarios usen estas modalidades para esquivar la Ley de Vivienda. Pero la realidad a pie de calle es mucho más cruda, y los expertos ya venimos tiempo advirtiendo de que el remedio podría acabar siendo letal para quienes no tienen un techo donde resguardarse.

Miremos el drama de las cifras, ¿Cuánta gente se queda fuera?

No estamos hablando de un puñado de personas. Estamos ante un movimiento tectónico que podría afectar a más de 400.000 hogares en toda España. La cuenta es sencilla, aunque dolorosa. Si se restringe el alquiler por habitaciones, miles de propietarios, asustados por la inseguridad jurídica o por la complejidad de los nuevos contratos, optarán por la vía rápida: colgar el cartel de "Se Vende".


La verdad es que la brecha que se abre es abismal. Actualmente, en un piso de tres habitaciones suelen convivir tres adultos que pagan, pongamos, 450 euros cada uno. Si esa vivienda vuelve al mercado tradicional, pasará a ser el hogar de una sola pareja o una persona con alto poder adquisitivo. ¿El resultado? Dos personas que se quedan, literalmente, en la calle buscando un milagro que no existe.


CUIDADO con el efecto dominó, del salón compartido al mercado de venta


El miedo es libre, y los propietarios ya están haciendo sus maletas emocionales. Muchos dueños de pisos que antes veían en el alquiler por habitaciones una forma de rentabilidad segura (y una manera de ayudar a gente joven), ahora ven un laberinto burocrático del que prefieren huir.


• Fuga hacia la venta: Se estima que hasta un 25% de la oferta actual de alquiler temporal o por estancias cortas podría saltar directamente al mercado de compraventa. Esto, lejos de bajar los precios, lo que hace es reducir el stock de alquiler, dejando a los inquilinos más vulnerables peleándose por las migajas.


• La paradoja del espacio: Es pura matemática del desastre. Donde antes dormían cuatro personas, ahora dormirá una. Es como intentar meter el agua de una piscina olímpica en un vaso de tubo; simplemente, el mercado va a desbordar por todos lados.



Un invierno inmobiliario a la vuelta de la esquina

Lo que viene no es solo una cuestión de números es un cambio en el ADN de nuestras ciudades. La verdad es que, si esta ley sale adelante sin matices, vamos a ver una gentrificación a la inversa: los centros urbanos se vaciarán de la gente que los hace latir, camareros, enfermeros, becarios, porque nadie podrá permitirse un piso entero de 1.200 euros.


Y es que la presión sobre el alquiler tradicional va a ser asfixiante. Al reducirse el número de plazas disponibles por vivienda, la demanda se disparará aún más. Es la tormenta perfecta: menos oferta, más gente buscando y unos precios que, lejos de relajarse, van a mirar hacia arriba con más ganas que nunca.

"Es como si, para evitar que la gente pase frío, el Gobierno decidiera prohibir las mantas pequeñas porque no cubren a toda la familia. Al final, todos terminamos tiritando", comenta uno de los analistas de nuestra compañía al recibir ya comentarios de algunos de nuestros clientes que a día de hoy ya estudian retirar su piso del mercado en Madrid.

Desde hoy el futuro es aún más incierto

Si nadie frena este despropósito, el escenario a medio plazo es desolador. Veremos un incremento de los desahucios invisibles: aquellos que no salen en el telediario porque no hay policía en la puerta, sino simplemente una carta que dice que el contrato por habitaciones no se renueva.


La pregunta que queda en el aire es: ¿dónde va a ir toda esa gente? Porque la vivienda no es un capricho, es una necesidad primaria, y legislar de espaldas a la realidad de quienes comparten piso para sobrevivir es, como poco, una temeridad que pagaremos entre todos.


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