El "apagón" del ladrillo o cuando la falta de potencia eléctrica frena el sector se la construcción.
Imagina que has ahorrado durante años, has firmado los papeles y, de repente, recibes una llamada: tu casa está terminada, pero no tiene luz. Y no es que falte una bombilla; es que la red eléctrica de la zona no tiene fuerza suficiente para abastecer a tu bloque. Lo que parece una pesadilla burocrática se ha convertido en la cruda realidad del sector inmobiliario español en este 2026.

La verdad es que nos hemos dado de bruces contra un muro invisible. Mientras el país intenta acelerar la construcción de viviendas para paliar la falta de oferta, un nuevo enemigo ha entrado en escena: la saturación de la demanda energética. Y es que, sencillamente, no hay potencia para todos.
Un cuello de botella que asfixia el sector
La situación es, cuanto menos, frustrante. Promotoras que tienen el suelo, los permisos municipales y las grúas listas, se encuentran con un "no" por respuesta de las distribuidoras eléctricas. ¿El motivo? Las redes actuales están al límite, devoradas por el auge de los centros de datos, la electrificación de la industria y una infraestructura que no ha crecido al ritmo que la sociedad demandaba.
Esta parálisis está afectando ya a unas 45.000 viviendas en toda España que están "en el limbo". Son proyectos que no pueden arrancar o que, estando terminados, no obtienen la licencia de primera ocupación porque no pueden garantizar el suministro. El resultado es un sector inmobiliario que ya venía tocado por la falta de suelo y que ahora ve cómo sus inversiones se quedan congeladas, literalmente, por falta de energía.
El drama de los números y las caras detrás de ellos
No estamos hablando solo de cemento y cables. Detrás de cada promoción bloqueada hay familias que han entregado sus ahorros y que ven cómo la entrega de su hogar se retrasa meses, o incluso años.
• Madrid y Cataluña, el epicentro: En estas regiones, el problema es acuciante. Se estima que el coste de las infraestructuras necesarias para desbloquear estas viviendas supera los 2.500 millones de euros.
• Sobrecoste para el comprador: Al final, la fiesta la paga el de siempre. Si la promotora tiene que construir su propia subestación eléctrica para que el proyecto sea viable, ese gasto extra, que puede rondar los 3.000 o 5.000 euros por vivienda, acaba repercutiendo en el precio final.
"Es como comprarte un coche eléctrico de última generación y descubrir que en tu barrio no hay ni un solo enchufe", me comentaba hace poco un arquitecto en Málaga. "Tenemos la tecnología, tenemos las ganas, pero nos falta el alimento básico: la electricidad".
Las consecuencias, un futuro entre sombras
Si no se pone remedio pronto, el impacto en el sector inmobiliario español será profundo. Ya no es solo que se construya menos, es que se construye más caro y lento.
1. Huida de la inversión: Los grandes fondos están empezando a mirar hacia otros mercados donde el "riesgo energético" no sea un factor determinante. ¿Quién va a arriesgar millones si no sabe si podrá encender la luz al terminar el edificio?
2. Agravamiento de la crisis de vivienda: Si ya era difícil encontrar un piso asequible, este nuevo obstáculo reduce aún más el stock disponible, empujando los precios al alza por pura ley de oferta y demanda.
3. Inseguridad jurídica: La falta de una planificación clara entre el Ministerio de Transición Ecológica y las comunidades autónomas está dejando a las empresas en un "tierra de nadie" legal que espanta a cualquiera.
¿Hay luz al final del túnel?
La verdad es que luz, lo que se dice luz no hay, la solución no es ni rápida ni barata. Exige una inversión masiva en la red de transporte y distribución que España ha ido postergando. Necesitamos subestaciones, cables de alta tensión y una gestión mucho más inteligente de la energía.
Mientras tanto, el sector inmobiliario mira al cielo esperando que el próximo proyecto no se quede a oscuras. Porque de nada sirve soñar con ciudades sostenibles y llenas de vida si, al final del día, no tenemos potencia suficiente para que un joven pueda encender el horno en su nueva cocina.
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